24 octubre 2010

Fantasmas...

Quería escribir algo...algo que de verdad merecieses...algo, que pese a no poder leer pudieses sentir, u oler...

En poco tiempo, no, poco no... poquísimo...has dicho muchas más cosas que cualquier filósofo, has sonreído a la mala suerte muchas más veces que cualquier loco...has visto mucho más que cualquier persona capaz de ello...

Con solo acercarme sabías quien era, ya reconocías mis pasos donde muchos otros aun no reconocen mi voz...adivinabas mi estado de ánimo con solo oler una vez el perfume que había elegido, o según tú porque las lágrimas huelen más fuerte que el mejor de los perfumes...

Me asustaba la tranquilidad con que tratabas la vida pese a los baches que siempre se te ponían delante...y a ti no te asustaba la muerte, ni la falta de comida, ni la tristeza...parecía que podrías arrastrar todo aquello a tus espaldas sin el más mínimo esfuerzo.

Dijiste que un tumor no iba a poder contigo...y que estupidez, tenías toda la razón, en si no fue eso lo que acabó con tu sonrisa...

Es absurdo pensar como podemos acabar...es triste creer que será todo tan efímero, pero hay cosas que siempre quedan en nosotros, una palabra, una frase, unas horas de risas...el aprender a confiar y olvidar el miedo, el guardar un secreto, el mirar más allá de lo que otros no saben ver...

Gracias...porque el poco tiempo que pude conocerte ahora llenará la parte vacía que me quedaba, la de poder haber tenido un "abuelo" la de poder haber aprendido de la "voz de la experiencia" la de haber experimentado la felicidad de sentir que alguien ve por mi, pese a estar ciego.

Para Alberto...que nunca alcanzaste a verme, pero me definiste como si siempre me hubieses conocido...

17 octubre 2010

Sueños...

Lloro...y es estúpido, soy la mujer más feliz del mundo, y hoy en día ¿ Quien llora de felicidad? algunos soñadores tal vez, algunos pobres esperanzados que aun creen en los milagros y en como pueden llegar a cumplirse, quizás yo sea mezcla de los dos, tal vez...yo encontré la esperanza en soñar, en cerrar los ojos y verte, en respirar y obtener del aire tu aroma, en acariciar en la oscuridad la cama e imaginar que estás un poco más lejos de mi cuerpo y por eso no llego a tocarte, pero que estás ahí, con la cabeza sobre la misma almohada, inhalando el mismo aire, sonriendo por el mismo sentimiento.

Lloro, de felicidad, de alegría, de júbilo, lloro, porque mis sueños se cumplen, porque existes, porque me amas...., lloro, cuando me haces el amor, cuando despierto a tu lado, cuando me besas muy...muy despacio en una despedida...

Lloro, porque las sonrisas no son lo bastante sinceras con el sentimiento que arremete contra mi pecho cada vez que estás cerca y que no logro ni lograré controlar jamás...ese que parece querer arrancarme el corazón del pecho, que eriza mi piel y me hace pensar que tal vez seas solo un sueño...y que cuando me despierte me quedaré triste y sola, como un sueño que nadie quiso jamás cumplir...

Sonrío...cuando te lanzas sobre mi y me muerdes o me haces cosquillas y nos revolcamos sobre las sábanas donde se escondieron nuestros jadeos para dejar paso al descontrol, a los besos, a los arañazos, y sobre todo al amor.

Río cuando duchándonos juntos me cubro entera de jabón y lo adorno con una risa malvada para que luego me ahogues bajo el chorro del agua, o cuando huimos juntos del mundo escondiéndonos bajo el edredón y peleándonos porque no me dejas taparme los pies.

Pero sobre todo lloro, y no es triste pese a que puedas pensar lo contrario, lloro...porque aun no se ha creado otra forma de deshacerme de todas esas mariposas con las que me llenas el estómago, ni de todo el calor y la ternura que amenaza con desbordarme cuando me dices que me quieres.

Te amo, y son diez meses...pero ansío que sean muchos más...para algún día (espero que no muy lejano) poder encontrar la manera de mostrarte lo que siento con algo que no sean las lágrimas que tanto te han asustado...

Te amo...y nunca me da por imaginar el final de este cuento...que me has inspirado a escribir...


Para el mejor hombre del mundo, el hombre de mi vida, de mis sueños y de mis cuentos.
Para tí Fede.

Frenética

Cojo el cuchillo, estoy harta.

Aquí no se puede vivir feliz, las sonrisas son meras máscaras que ocultan lo que de verdad sentimos, hastío.

¿Por qué? Me dirijo a la puerta con pasos pesados y agotados, los gritos son parte de las agujas que perforan mi cráneo, les oigo, cada hora, cada minuto, a cada segundo de calma y les odio, quiero que todo acabe.

Poso la mano en el picaporte, mi cabeza parece ser más pesada a cada pensamiento, el pelo me acaricia el rostro como queriendo calmar los alaridos que producen mis labios fruncidos, no hay vuelta atrás, aprieto la empuñadura, ya nada importa, solo mi siguiente paso hacia abajo en las escaleras.

Llego a la puerta, noto como se tensan mis hombros y doy un golpe y otro contra el trozo de madera que lucha en vano por retener los gritos que se producen al otro lado de ella, me abre él, gritando, parece que no sepa otra forma de comunicarse, me da asco.

Agarra mis hombros y me mueve como una muñeca, pero ya no lo soy, mis ojos no van a quedarse quietos, ni mis manos...

Que hermoso color es el carmín, y que delicioso el olor férreo que lo acompaña hasta mi barbilla, recorriendo mi cuerpo hasta crear en el suelo un minúsculo lago que bien podría ser el festín de algún loco.

Miro al fondo, aun grita alguien, la mujer arremete contra mi y noto el seco sonido de su mano contra me mejilla en un intento de aplacar mi ira con una bofetada.

La miro, su cara solo expresa miedo, que pena...que ahora esté callada y antes no supiese morderse la lengua, mi mano se alza y luego cae en picado contra su cuello acabando con las futuras palabras que pueda crear en ofensa al silencio, y de nuevo me embriaga el olor férreo y el color bermejo que relaja mis músculos, me siento caer al suelo sobre ambos charcos y sonrío.

Hola silencio, hola vida, gracias oscuridad.