Marta se acercó al lago y observó su reflejo en el agua.
-Tú no eres distinta a mi...acabarás desvaneciendote en el momento que alguien turbie las aguas o yo me levante de este sitio...dependes de mi, como yo de él para existir...- Suspiró suavemente y dirigió uno de sus dedos al agua como queriendo acariciar los labios húmedos de su refracción acuática, entonces la Marta del lago sonrió, y como si siempre hubiese estado bajo aquel fino manto transparente se levantó dejando caer finas gotas resbalando de su cuerpo, la Marta de la tierra no daba crédito a sus ojos y se sentó desconcertada.
Aquella que había emergido del lago le tendió la mano y la miró a los ojos mientras la ayudaba a ponerse en pie
-Yo si soy distinta a ti, nací de tu reflejo, crecí con él, aprendi de tus errores, desaparecí cuando te fuiste y reaparecí cuando te asomaste de nuevo al lago, sin embargo, cuando no me miras aun existo...la diferencia entre tú y yo...es que tú no sabes existir sin él, y al final un día, simplemente, tus aguas se turbiarán y desaparecerás como un recuerdo lejano-
Ambas quedaron en silencio ante la evidencia y la que aun permanecía seca rompió a llorar, durante horas, y días, tan solo abrazada por su antiguo reflejo, quizás ella se quedó allí porque ya estaba mojada y una lágrima más, o una menos no iban a cambiar su historia.
Al final, el llanto cesó, se abrazaron...y Marta debió aprender de su reflejo como vivir fuera del agua, porque sin darse cuenta...ella siempre había estado sumergida... ahogándose.
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