27 abril 2010

El 5 de Diciembre

Me susurras en la oreja un te quiero muy bajito, que nadie nos oiga...podrían descubrirnos.
Entramos al concierto, la noche es la más clara que logro recordar, cada estrella parece empujarme más cerca de ti, y yo las obedezco, sonriente, silenciosa.

Ambos tenemos miedo, se te nota en la mirada, me besas muy despacio, de nuevo tras la oreja, recorres mi cara en busca de mis labios, y los encuentras, una fusión magnífica de nervios e ilusión.

No puedo evitar sentirme observada, pero no logra importarme, solo estás tú, la marea de gente se hace cada vez más pesada hasta el punto de apretarnos el uno contra el otro pareciendo una sola persona.

Cierro los ojos, aspiro tu aroma, mi corazón jamás había latido tan rápido "quédate a dormir" me imploras, y como si negarme fuese el peor pecado que pudiese cometer asiento sonriente abrazándome a tu cuello.

Y no se si en realidad fue la música, o que volví a escuchar nuestra banda sonora en mi cabeza, pero admití estar enamorada y te regalé mi cuerpo blanqueándolo...para que fueses el primero en tocar mi piel.

Y el culpable...fue ÉL.


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