17 febrero 2010

Patético

Se seca las lágrimas con una toalla de metal, se arranca las palabras dichas con tenazas y escupe la sangre de las que escucha y le duelen.

Se dirige al salón muriendo paso a paso, se agarra de las cortinas y cae junto a ellas al suelo, el cuerpo rasgado de dolor, los dedos temblando de incertidumbre, los labios abiertos por el miedo, los ojos cerrados por la estupidez.

Está cegada y dolorida, le ocurre cuando sabe lo que ha echo, le pasa cuando actúa sin pensar si lo que hace está bien o mal, sin medir las palabras, sin paladearlas un solo segundo, se muerde la inconsciencia tendida en el suelo y se arrepiente, durante horas, quizás demasiadas, porque no recuerda cuando llegó a morirse...

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