Marta quiere dormir, está cansada...se arranca la piel a mordiscos y con ella se desprende del dolor que le causan las palabras de todos aquellos que creen ser mejores.
Entabla conversación con su reflejo en el espejo, ese que tiempo atrás la insultó y la obligó a morir por dentro, ese al que culpa de todos los males que la afligen.
Decide que nunca fue buen compañero y le da la espalda pero las voces la persiguen....voces que hoy empiezan, pero jamás acabarán.
29 mayo 2010
12 mayo 2010
Enseñame a volar...dame tus alas
Sus miradas se cruzaron por primera vez a la tenue luz de la luna, él sonrió levemente, ella recordó esos ojos en un segundo.
Pasaron la noche juntos, acompañados del resto de la gente que para ella nada significaban desde el primer paso dentro de aquella casa, solo podía estar atenta de él, de su extraña mirada casi triste, de sus labios tiernos y en declive y se preguntó que podía atormentar a un ángel.
El cielo aclaró demasiado aprisa, y la hora de irse llegó demasiado pronto...como todas las cosas malas, pero ella seguía bajo el influjo de aquel hombre que ya la había echo suya.
La perfección se convirtó en su don natural, él lo era todo, y ella no tenía nada, comenzaron a mandarse cartas y poco a poco un hueco dentro de su pecho fue creciendo, para dejar entrar a aquel hombre al que ya pertenecía...
Y como era de esperar al fin llegó el día en que sus labios pudieron alcanzar el nectar que tanto deseaba, acariciar su piel, su boca, sus manos...y como si la belleza del momento le hubiese clavado un cuchillo echó a llorar y se fue, para volver cada noche desde entonces a recuperar los delirios de su boca.
Pasaron la noche juntos, acompañados del resto de la gente que para ella nada significaban desde el primer paso dentro de aquella casa, solo podía estar atenta de él, de su extraña mirada casi triste, de sus labios tiernos y en declive y se preguntó que podía atormentar a un ángel.
El cielo aclaró demasiado aprisa, y la hora de irse llegó demasiado pronto...como todas las cosas malas, pero ella seguía bajo el influjo de aquel hombre que ya la había echo suya.
La perfección se convirtó en su don natural, él lo era todo, y ella no tenía nada, comenzaron a mandarse cartas y poco a poco un hueco dentro de su pecho fue creciendo, para dejar entrar a aquel hombre al que ya pertenecía...
Y como era de esperar al fin llegó el día en que sus labios pudieron alcanzar el nectar que tanto deseaba, acariciar su piel, su boca, sus manos...y como si la belleza del momento le hubiese clavado un cuchillo echó a llorar y se fue, para volver cada noche desde entonces a recuperar los delirios de su boca.
09 mayo 2010
Lillia
La joven Lillia llevaba días caminando en la espesura de los bosques hasta que al fin divisó una enorme ciudad a lo lejos, se agachó y acarició la hierba que se colaba entre los dedos de sus pies, el viento comenzó a danzar a su al rededor cada vez más rápido hasta que de ella tan solo podía distinguirse la silueta.
Para cuando el pequeño tornado hubo parado ya no quedaban rastros de la hermosa elfa que antes se encontraba arrodillada allí, en su lugar una poderosa tigresa hacía acto de presencia elevando el hocico, olfateando...algo.
Era el olor de él, no le cabía ninguna duda, se puso en tensión y en un segundo salió corriendo hacia la ciudad escondida en las sombras de la noche.
Recorrió varias calles desiertas hasta que al fin se paró en seco, allí estaba él, apoyado en una esquina, observando el cielo...y la luna llena.
Como si la mera presencia de Lillia le hiciera estremecerse, el hombre se arrancó la camisa y con un aullido de dolor se dejó caer al suelo.
El pelo envolvió completamente su torso desnudo, los huesos crujían con furia amoldandose a su nueva postura, y de aquel hombre surgió un animal, un enorme lobo plateado.
Con los sentidos agudizados captó el olor de la hembra escondida entre las sombras, y con un suave rugido comenzó la persecución, donde ella...debería darle caza...una noche más.
Para cuando el pequeño tornado hubo parado ya no quedaban rastros de la hermosa elfa que antes se encontraba arrodillada allí, en su lugar una poderosa tigresa hacía acto de presencia elevando el hocico, olfateando...algo.
Era el olor de él, no le cabía ninguna duda, se puso en tensión y en un segundo salió corriendo hacia la ciudad escondida en las sombras de la noche.
Recorrió varias calles desiertas hasta que al fin se paró en seco, allí estaba él, apoyado en una esquina, observando el cielo...y la luna llena.
Como si la mera presencia de Lillia le hiciera estremecerse, el hombre se arrancó la camisa y con un aullido de dolor se dejó caer al suelo.
El pelo envolvió completamente su torso desnudo, los huesos crujían con furia amoldandose a su nueva postura, y de aquel hombre surgió un animal, un enorme lobo plateado.
Con los sentidos agudizados captó el olor de la hembra escondida entre las sombras, y con un suave rugido comenzó la persecución, donde ella...debería darle caza...una noche más.
04 mayo 2010
Muse de limón
Son los momentos que a penas duran unos segundos los que en realidad tejen la historia de nuestra vida, como aquél hombre que subió despreocupado a la guagua y sin mediar palabra alguna con la única pasajera se sintió volar, como cuando comes tu postre favorito después de un insípido puré de verduras.
Aquella mujer era su muse de limón, de dulce mirada y ácido silencio.
Pasó una parada, y otra...incluso la suya, pero él no se bajó, no podía apartar su mirada de aquellos ojos caramelo, hasta que llegó el momento en que ya no podía alejarse más de su destino.
Tocó el botón de stop y la guagua chirrió como un animal herido, aquel hombre se bajó y miró a la ventana de aquel monstruo verde de metal, pero este arrancó sin apenas dejar entrever un cabello más de aquella mujer, y en ese momento pareció que su muse de limón estaba repleto de cáscaras agrias.
"Quizás sea demasiado viejo" pensó, y al día siguiente volvió a la misma parada, a la misma hora y con un regusto a puré de verdura, porque nunca se es demasiado viejo para disfrutar de tu postre favorito.
Aquella mujer era su muse de limón, de dulce mirada y ácido silencio.
Pasó una parada, y otra...incluso la suya, pero él no se bajó, no podía apartar su mirada de aquellos ojos caramelo, hasta que llegó el momento en que ya no podía alejarse más de su destino.
Tocó el botón de stop y la guagua chirrió como un animal herido, aquel hombre se bajó y miró a la ventana de aquel monstruo verde de metal, pero este arrancó sin apenas dejar entrever un cabello más de aquella mujer, y en ese momento pareció que su muse de limón estaba repleto de cáscaras agrias.
"Quizás sea demasiado viejo" pensó, y al día siguiente volvió a la misma parada, a la misma hora y con un regusto a puré de verdura, porque nunca se es demasiado viejo para disfrutar de tu postre favorito.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
