La joven Lillia llevaba días caminando en la espesura de los bosques hasta que al fin divisó una enorme ciudad a lo lejos, se agachó y acarició la hierba que se colaba entre los dedos de sus pies, el viento comenzó a danzar a su al rededor cada vez más rápido hasta que de ella tan solo podía distinguirse la silueta.
Para cuando el pequeño tornado hubo parado ya no quedaban rastros de la hermosa elfa que antes se encontraba arrodillada allí, en su lugar una poderosa tigresa hacía acto de presencia elevando el hocico, olfateando...algo.
Era el olor de él, no le cabía ninguna duda, se puso en tensión y en un segundo salió corriendo hacia la ciudad escondida en las sombras de la noche.
Recorrió varias calles desiertas hasta que al fin se paró en seco, allí estaba él, apoyado en una esquina, observando el cielo...y la luna llena.
Como si la mera presencia de Lillia le hiciera estremecerse, el hombre se arrancó la camisa y con un aullido de dolor se dejó caer al suelo.
El pelo envolvió completamente su torso desnudo, los huesos crujían con furia amoldandose a su nueva postura, y de aquel hombre surgió un animal, un enorme lobo plateado.
Con los sentidos agudizados captó el olor de la hembra escondida entre las sombras, y con un suave rugido comenzó la persecución, donde ella...debería darle caza...una noche más.

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