Idiota de ella, que vivía en su castillo de mentiras e ilusiones sin creer lo que veía por la ventana, pobre desdichada que cuando le llegó la hora de salir al exterior la realidad la deboró sin piedad, ilusa enamorada que creyó cada palabra que el principe de su castillo le regalaba al oido en las noches frías de tormenta que azotaban los muros de la fortaleza.
Pobre...pobre...pobre princesa, de lágrimas de fresa.
24/8/09
A lo mejor...la princesa echaba de menos a su pájarillo, aquel petirojo que le cantaba cada mañana en el marco de la ventana...y por eso soltaba suspiros con sabor a algodón de azucar y chicle, para ver si aquellos sonidos de nostalgia volaban lo suficientemente alto para embriagar al pequeño pajarillo y recordarle que cada mañana le esperaba la princesa, sentada en la misma silla, de cara a la misma ventana, que nunca era la misma.
21/8/09
26 agosto 2010
Cuando alguien se va
Una vez me hablaron del Reino de lo Absurdo, me hizo gracia el nombre, y por supuesto mi primera reacción fue pensar que me contarían un cuento.
En ningun momento imaginé que tal reino existía, y que, además, estaba tan cerca nuestro.
En el castillo de las lamentaciones se decía que vivía una princesa, con lágrimas de fresa, cuidada por un hado madrino con tutú y varita de regaliz.
Al rededor del castillo podían encontrarse el lago de los sueños perdidos, y el pozo de la inocencia, el desierto del olvido, y el mar de las tristezas, la playa de las sonrisas, que con cada pisada la arena parecía hacer cosquillas en los pies, y el oasis de los besos, donde los labios sabían a caramelo, estaba el bosque de los susurros, donde cada secreto se escondía, y el valle del "Quise y no hice" donde dormir la siesta conllevaba un cargo de conciencia que nadie hasta el momento había superado.
Pero sin lugar a dudas el mejor de los lugares de aquel reino era un callejón, oscuro y pequeñito, pero imprescindible para todos sus habitantes, era el callejón del retorno, y todo el que grababa su nombre allí se veía atado a volver al reino de uno u otro modo, otorgando así a los amantes de aquella tierra no perder jamás su lugar de origen...
Deberías grabar tu nombre junto al nuestro...así, siempre podrás volver a ese callejon, y recorrer con nosotros el reino al que siempre pertenecimos, sin saber como ni porque...pero sin quejarnos, porque aqui se vive bien
En ningun momento imaginé que tal reino existía, y que, además, estaba tan cerca nuestro.
En el castillo de las lamentaciones se decía que vivía una princesa, con lágrimas de fresa, cuidada por un hado madrino con tutú y varita de regaliz.
Al rededor del castillo podían encontrarse el lago de los sueños perdidos, y el pozo de la inocencia, el desierto del olvido, y el mar de las tristezas, la playa de las sonrisas, que con cada pisada la arena parecía hacer cosquillas en los pies, y el oasis de los besos, donde los labios sabían a caramelo, estaba el bosque de los susurros, donde cada secreto se escondía, y el valle del "Quise y no hice" donde dormir la siesta conllevaba un cargo de conciencia que nadie hasta el momento había superado.
Pero sin lugar a dudas el mejor de los lugares de aquel reino era un callejón, oscuro y pequeñito, pero imprescindible para todos sus habitantes, era el callejón del retorno, y todo el que grababa su nombre allí se veía atado a volver al reino de uno u otro modo, otorgando así a los amantes de aquella tierra no perder jamás su lugar de origen...
Deberías grabar tu nombre junto al nuestro...así, siempre podrás volver a ese callejon, y recorrer con nosotros el reino al que siempre pertenecimos, sin saber como ni porque...pero sin quejarnos, porque aqui se vive bien
24 agosto 2010
Egoísta
¿Qué puedes pedirle a la vida cuando te encuentras en un camino sin salida, con un precipicio a tus pies y a sabiendas de que el siguiente paso puede arrojarte al vacío....?
Los veo, son felices, siempre lo son, y me pregunto porque a mi se me tuercen tanto las cosas, porqué yo no puedo sentir que perdería todo menos a él, porque vislumbro que todo acabará derrumbado de seguir esta vereda...
No es justo, es casi obvio que no sienten ni la mitad de amor del que yo guardo en mi corazón y sin embargo ellos son perfectos y yo poco a poco me auto-destruyo en mis dudas.
¿Y qué hacer? ¿Dejo caer los escombros de su tristeza sobre mi, sin importarme que soy la única feliz? Quiero ser egoísta, quiero aferrarme, quiero seguir sonriendo, sintiendo, besando, abrazando, amando...sin tener que cambiar un solo "te quiero" por un "hasta mañana", sin dejar de llamarle "cariño" y pasar a nombrarlo tan solo...
Quiero..quiero..¡Le quiero a él! y no es tan difícil de entender...lo dejé todo por él y no pienso tirar todo lo que hemos vivido por nada...
No pienso precipitarme al vacío...porque si me dejase caer...no volvería a remontar el vuelo sola.
Los veo, son felices, siempre lo son, y me pregunto porque a mi se me tuercen tanto las cosas, porqué yo no puedo sentir que perdería todo menos a él, porque vislumbro que todo acabará derrumbado de seguir esta vereda...
No es justo, es casi obvio que no sienten ni la mitad de amor del que yo guardo en mi corazón y sin embargo ellos son perfectos y yo poco a poco me auto-destruyo en mis dudas.
¿Y qué hacer? ¿Dejo caer los escombros de su tristeza sobre mi, sin importarme que soy la única feliz? Quiero ser egoísta, quiero aferrarme, quiero seguir sonriendo, sintiendo, besando, abrazando, amando...sin tener que cambiar un solo "te quiero" por un "hasta mañana", sin dejar de llamarle "cariño" y pasar a nombrarlo tan solo...
Quiero..quiero..¡Le quiero a él! y no es tan difícil de entender...lo dejé todo por él y no pienso tirar todo lo que hemos vivido por nada...
No pienso precipitarme al vacío...porque si me dejase caer...no volvería a remontar el vuelo sola.
23 agosto 2010
Huye
Está encadenada, encerrada en una habitación muy oscura, húmeda, con ese repugnante aire cargado de miedo, intenta ver algo, tiene los ojos de par en par, y a penas distingue sus propias rodillas, yacientes contra su pecho.
Su respiración está acelerada, sabe lo que va a pasar, conoce su destino, poco a poco lo asume, se relaja, se entrega.
Lleva horas allí dentro, en un total silencio, ni siquiera una triste rata que pasaba por la celda en busca de comida se ha atrevido ha hacer ruido, y cogiendo unas migajas de pan ha vuelto a escabullirse entre las sombras de su cubil.
Ella comienza a cuestionarse el final de su historia, de su cuento, de su novela, de aquel misterio que la había empujado a ninguna parte mientras las cadenas le apretaban muñecas y tobillos.
Oye un ruido, intenta moverse, se percata de otra atadura en su cuello apretándola más aun contra la pared, la rata se asusta también, sale corriendo, tropieza y se golpea contra la pared antes de entrar en el agujero de enfrente.
Una puerta se abre de repente, la luz da de lleno en sus ojos, sonrie al notar el helado tacto de la pistola en su cabeza.
-Adios-
Un sordo sonido acompañado por su eco recorre todas las estancias, la rata asoma su hocico, lame la sangre del suelo, la recorre un escalofrío y huye...lo más rápido que puede, antes de que su cuento tambien escriba las tres letras, que algún día llegarán, pero que aun no espera.
09 agosto 2010
Leah y Aleshka
Leah vagaba por las calles sin rumbo fijo, sus pupilas estaban creciendo, había perdido los nervios, pocos eran los humanos que conocían las necesidades de un vampiro que aun no había muerto.
Momentos antes se había sentido el dueño y señor del mundo, y ahora tan solo merodeaba los alrededores con la esperanza de calmarse sin necesidad de la sangre, a lo lejos, una enorme cruz recortaba el cielo nocturno y él se acercó tambaleante.
Una joven estaba sentada en el suelo, apoyada en los muros del enorme edificio con la cabeza en las rodillas, él olió la sangre que emanaba del pecho de la muchacha y sus pupilas se ensancharon hasta tocar los bordes de su iris, ya no quedaba atisbo de color en aquella mirada.
Ella levantó la vista al percatarse de la presencia de aquel maltrecho muchacho, con los vaqueros rotos y la camisa echa jirones, se apoyó en la pared para poder levantarse, y aunque la herida de su pecho tiraba de ella hacia el suelo logró ponerse en pie.
Sus ojos verdes centellearon en la noche cuando olvidandose de sus heridas dirigió las manos hacia el muchacho y le presto la escasa ayuda que en esos momentos podía ofrecer, dolorida como estaba.
Leah, conmovido por tal acto pareció olvidar sus instintos y devolviendole el color miel a su mirada la estrechó entre sus brazos, aspirando el dulce aroma de la humanidad, no supo en que momento, pero debido a la pérdida de sangre la joven se desmayó sobre sus brazos, y este, abrazandola contra su pecho la elevó y la internó en la iglesia en busca de la ayuda divina.
Pasaron días tras aquel encuentro, y el joven no pudo olvidar el instante en que su piel quedó bajo la protección de aquellos temblorosos y cansados brazos, de nuevo, como el resto de mañanas, sacó el colgante que se había desprendido del cuello de aquella chica y leyó su nombre grabado detrás con total predilección mientras desnudaba sus afilados colmillos.
-Aleshka...-
Y sus susurros se perdían en la anhelante noche, deshecha por volver a reunir a aquel joven de alma en pena con la muchacha que le había librado de beber sangre un día más.
Momentos antes se había sentido el dueño y señor del mundo, y ahora tan solo merodeaba los alrededores con la esperanza de calmarse sin necesidad de la sangre, a lo lejos, una enorme cruz recortaba el cielo nocturno y él se acercó tambaleante.
Una joven estaba sentada en el suelo, apoyada en los muros del enorme edificio con la cabeza en las rodillas, él olió la sangre que emanaba del pecho de la muchacha y sus pupilas se ensancharon hasta tocar los bordes de su iris, ya no quedaba atisbo de color en aquella mirada.
Ella levantó la vista al percatarse de la presencia de aquel maltrecho muchacho, con los vaqueros rotos y la camisa echa jirones, se apoyó en la pared para poder levantarse, y aunque la herida de su pecho tiraba de ella hacia el suelo logró ponerse en pie.
Sus ojos verdes centellearon en la noche cuando olvidandose de sus heridas dirigió las manos hacia el muchacho y le presto la escasa ayuda que en esos momentos podía ofrecer, dolorida como estaba.
Leah, conmovido por tal acto pareció olvidar sus instintos y devolviendole el color miel a su mirada la estrechó entre sus brazos, aspirando el dulce aroma de la humanidad, no supo en que momento, pero debido a la pérdida de sangre la joven se desmayó sobre sus brazos, y este, abrazandola contra su pecho la elevó y la internó en la iglesia en busca de la ayuda divina.
Pasaron días tras aquel encuentro, y el joven no pudo olvidar el instante en que su piel quedó bajo la protección de aquellos temblorosos y cansados brazos, de nuevo, como el resto de mañanas, sacó el colgante que se había desprendido del cuello de aquella chica y leyó su nombre grabado detrás con total predilección mientras desnudaba sus afilados colmillos.
-Aleshka...-
Y sus susurros se perdían en la anhelante noche, deshecha por volver a reunir a aquel joven de alma en pena con la muchacha que le había librado de beber sangre un día más.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)