Una vez me hablaron del Reino de lo Absurdo, me hizo gracia el nombre, y por supuesto mi primera reacción fue pensar que me contarían un cuento.
En ningun momento imaginé que tal reino existía, y que, además, estaba tan cerca nuestro.
En el castillo de las lamentaciones se decía que vivía una princesa, con lágrimas de fresa, cuidada por un hado madrino con tutú y varita de regaliz.
Al rededor del castillo podían encontrarse el lago de los sueños perdidos, y el pozo de la inocencia, el desierto del olvido, y el mar de las tristezas, la playa de las sonrisas, que con cada pisada la arena parecía hacer cosquillas en los pies, y el oasis de los besos, donde los labios sabían a caramelo, estaba el bosque de los susurros, donde cada secreto se escondía, y el valle del "Quise y no hice" donde dormir la siesta conllevaba un cargo de conciencia que nadie hasta el momento había superado.
Pero sin lugar a dudas el mejor de los lugares de aquel reino era un callejón, oscuro y pequeñito, pero imprescindible para todos sus habitantes, era el callejón del retorno, y todo el que grababa su nombre allí se veía atado a volver al reino de uno u otro modo, otorgando así a los amantes de aquella tierra no perder jamás su lugar de origen...
Deberías grabar tu nombre junto al nuestro...así, siempre podrás volver a ese callejon, y recorrer con nosotros el reino al que siempre pertenecimos, sin saber como ni porque...pero sin quejarnos, porque aqui se vive bien
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