Se le empañaron los ojos y se perdió en la muchedumbre para que su acompañante no la viese llorar, al fin y al cabo su novio lo había logrado, era el culpable de que no disfrutase de la noche que quería porque sabía que ella empezaba a tomar un camino distinto al suyo.
Estibaliz caminó sin rumbo durante un rato hasta que decidió irse de allí y volver sola a casa, sintiendo que ya no tenía nada que perder.
Era su mejor amigo le preguntó por qué no había llegado a tiempo, ella deseo responderle que nunca sería tarde si él estaba allí … pero no lo hizo, entonces la miró y alargando la mano le dio la baqueta rota en el concierto, le susurró que deseaba llamarla al escenario para que la recogiese, que aquel pedazo de madera roto y desgastado era para él mucho más que un recuerdo y quería que ella lo cuidase, pero al buscarla entre la multitud no logró encontrar su sonrisa.
De nuevo las lágrimas intentaron ahogarla, pero para entonces la felicidad era mucho más fuerte que la tristeza … y tuvo que aceptar que se estaba enamorando de aquel chico demasiado pequeño para un corazón tan grande, y demasiado grande para ella que siempre se había sentido insignificantemente pequeña.
Los días transcurrieron cada vez más deprisa, para ella el tiempo que pasaban juntos parecía diminuto pese a que las tardes eran completamente suyas … intuía que él sentía lo mismo, a veces incluso se abrazaban y ella sentía mutuas las ganas de que sus labios se uniesen … pero nunca estuvo segura de ello.
Otra vez más paseaban por la laguna, otra tarde, el mismo frío, la misma felicidad … y de repente la lluvia … caminaron tranquilos, la mente de Estibaliz iba despacio, saboreando cada momento, hasta que al fin fue demasiado tarde y le pidió que la llevase a casa.
Estaban empapados y el coche no ofrecía demasiado calor, las luces de navidad fueron sus únicas acompañantes, llegaron frente al portal, ella le abrazó, y tal vez por la música, quizás el calor que desprendía él, los susurros, el momento, o que ya su corazón no tenía espacio para más amor … quizás el causante fue el destino … pero cayeron irremediablemente al filo de sus labios terminando con las dudas en un beso tan lento y dulce que la noche, fuera de aquel coche y de su fantasía, pareció convertirse en hielo … y quizás aun sea así.

No hay comentarios:
Publicar un comentario