15 diciembre 2009

Solo túh

Su mirada le recordaba al dulzor del caramelo e incluso estuvo asustada durante unos segundos de volverse adicta a esos ojos que no paraban de clavarse hasta el centro de su alma.


Sentía sus brazos rodeándola como si el tiempo no tuviese palabra o voto en su cama, como si se hubiese parado en el instante en que sus labios se juntaron en un suspiro tan plácido y cálido que el mismo sol llegó a pensar que había dejado escapar alguno de sus rayos y estos se habían colado hasta la habitación de los amantes.

La oscuridad llegó rápido, demasiado, y ambos se atemorizaron de que las horas los devorasen como si fuesen su última comida, no deseaban separarse por nada del mundo, ante un baile de luces como el que ofrecía fuera de aquellas paredes la noche salpicada de adornos navideños ansiaban poder vivirla de principio a fin sin necesidad de tan siquiera separar sus cuerpos o recubrirlos con la ropa.

El frío se había avergonzado de entrar en aquella habitación y se dedicó a mirar a través de los cristales a aquellas dos llamas que significaban sus cuerpos sobre el colchón ignifugo, relleno de pasiones y amor.

Ella le acariciaba con miedo a romperlo, a que el sueño se deshiciese tal que el humo de la pipa que adornaba el suelo de la habitación, él le besó la frente como acostumbraba ha hacer, y ella sabía de memoria el recorrido que formarían su boca, la nariz, la mejilla, los labios… y lo ansiaba, lo deseaba tanto que a veces la espera de que se encontrasen la enloquecía brevemente.

Y como en un pacto silencioso con la mentira llegó el día en que ella se despertó de su sueño perfecto…y se dio cuenta de que…todo había sido hermoso, pero breve.

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